
Es un poco difícil contar este final feliz, pues hubo momentos en que pensamos en que, a pesar de todos los esfuerzos, no sería tan feliz. Pero Piper tenía un ángel que se llama Concha. Creemos que fué eso lo que la impulsó hacia la vida justo cuando se encontraba al borde de un precipicio.
Piper es una perrita que fué utilziada por un criador hasta comprobar que tenía problemas con los partos debido a su escaso tamaño, fuera de lo común en su raza. La puso en nuestras manos para encontrarle un hogar con cinco años ya cumplidos.
Concha, una madrileña en Galicia, mamá de Yaiza también, la quiso para ella, para ser su sombra.
Al esterilizarla se comprobó que tenía una piometra (infección en el útero), y más tarde se puso al borde de la muerte por una piedra en la vejiga. Dos intervenciones quirúrgicas (una aquí y otra en la Coruña) en poco tiempo nos hicieron temer por ella, tan chiquitina, tan vulnerable...
Hoy Piper corre por la playa, disfruta, goza de la juventud perdida sin perder de vista ni un instante a mamá Concha.
Seras siempre un gran recuerdo, pequeña...






