La llamábamos "la novia de Rambo", otro perrito que teníamos recogido, y que cuando se adoptó, ella se quedó muy solita. Además, todos sus seis hermanitos ya se habían dado en adopción, solo quedaba ella. Y por fín le llegó el turno. Apareció Cristina con su familia. Habían perdido hacía poco a la suya, y esta perrita les llenó el alma y la vida de nuevo. Nos alegramos un montón de que una familia entera se presente para doptar uno de nuestros pequeños. Es lo mejor, que haya ese consenso general familiar que tanto ayuda a la integración. Cristina y su familia son un claro ejemplo de lo que deben ser las adopciones de animales.
Y "la novia de Rambo", que ahora se llama Lis, es más feliz que unos castañuelas. Se hace querer y nos sonríe con sarcasmo.
¡Lis es la niña dela casa!








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